Categorías
Relatos

La llamada de Vanesa

He tenido varios sueños lúcidos, todos muy bonitos, pero uno en concreto fue aterrador. Ese, y no otro, es el que podréis encontrar adaptado en la novela. Los que la hayáis leído, lo reconoceréis enseguida.

Si te ha gustado, compártelo.

He tenido varios sueños lúcidos, todos muy bonitos, pero uno en concreto fue aterrador. Ese, y no otro, es el que podréis encontrar adaptado en la novela. Los que la hayáis leído, lo reconoceréis enseguida.

Creo que debería matizar antes que tal vez este no sea exactamente un sueño lúcido, sino vívido, que no es lo mismo. Sorry. 😛

Música recomendada para este relato


Allá por los 90 tenía una compañera de instituto llamada Vanesa. Un par de años más tarde, en primero de carrera, murió en un trágico accidente de tráfico. Los demás padres se pusieron de acuerdo para no avisarnos hasta que falleció. Alegaron que era época de exámenes. Una decisión difícil de perdonar, pues no pudimos despedirnos de ella. Todo eso me dejó traumatizada, por cómo fue y por la pérdida. La vida seguía, pasaban lo años, y de vez en cuando la recordaba.

Llegamos a 2005, era un día cualquiera, después de una jornada de trabajo estresante con un proyecto sobre seguridad vial que no hacía más que recordarme la historia de Vanesa.

Debo señalar que yo usaba el móvil como despertador, pero ese día antes de dormir no me lo llevé al dormitorio, lo dejé en la mesa del salón sin darme cuenta.

Durante la noche, sonó el teléfono desde el salón. Me senté en la cama sobresaltada. Una llamada a esas horas ni te la esperas, ni quieres pensar que sean malas noticias. Miré la hora: las 3:00. Salté y corrí hasta el salón. Cogí el móvil.

En la pequeña pantalla del Nokia sólo ponía «Origen desconocido». Contesté. Al otro lado, la débil voz de una chica:
—Liber, soy yo.
—¿¡Vanesa!?
—¿Qué año es?
—1997 —mentí, no sé por qué.
—Estoy bien, ahora soy feliz —dijo con calma.

La llamada se cortó. El corazón me dio un vuelco. De pronto, abrí los ojos y desperté en la cama. Miré la hora en la mesilla: las 3:00. Mientras trataba de serenarme para conciliar el sueño, el móvil sonó desde el salón. Me levanté y fui a buscarlo.

En la pantalla: «Origen desconocido». No contesté, no me atreví, pero por algún motivo ya sabía quién era. Había entendido el mensaje y sonreí. Desde ese día, dejé de atormentarme con su muerte, con el accidente y perdí el miedo a conducir. Ella estaba bien.

Si te ha gustado, compártelo.
Lo de las cookies, ya sabes.    Más información
Privacidad